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Cuando la ansiedad no desaparece con terapia convencional
Hay personas que llegan a consulta diciendo algo muy concreto: “Ya he hecho terapia. Me ayudó… pero la ansiedad sigue.” No siempre vuelve en forma de crisis intensa. A veces se transforma en tensión constante, en insomnio, en síntomas físicos persistentes o en una sensación de alerta que no desaparece. Cuando esto ocurre, la cuestión no es si la terapia anterior fue buena o mala. La pregunta más precisa es: ¿se trabajó la raíz del problema o únicamente su expresión visible?
La ansiedad no es el enemigo
Conviene entender algo esencial: la ansiedad, en sí misma, no es una enfermedad. Es una respuesta adaptativa del sistema nervioso.
Su función es prepararnos para el peligro. Activarnos. Hacer que reaccionemos.
El problema aparece cuando esa respuesta se mantiene activa sin que exista una amenaza real. Es decir, cuando el sistema sigue funcionando como si hubiera peligro… aunque objetivamente ya no lo haya.
En ese momento, lo que fue útil en el pasado se vuelve innecesario en el presente.
Muchas personas con ansiedad crónica no están en peligro. Están reaccionando a esquemas emocionales antiguos, a aprendizajes relacionales o a estados internos que el cerebro interpreta como amenaza.
La ansiedad deja de ser adaptativa y se convierte en un patrón automático.
Cuando tratamos el síntoma pero no la estructura
En algunos enfoques terapéuticos se trabaja principalmente la regulación del síntoma: respiración, control de pensamientos, técnicas de exposición o reestructuración cognitiva.
Esto puede ser muy útil en determinados casos.
Sin embargo, cuando la ansiedad tiene una base estructural —relacionada con experiencias tempranas, vínculos inseguros o dinámicas emocionales profundas— el alivio suele ser parcial.
El síntoma disminuye, pero la organización interna que lo genera continúa activa.
Por eso muchas personas entienden perfectamente lo que les ocurre… y aun así no consiguen cambiarlo.
Cuando la ansiedad ya no tiene motivo
Existe un perfil muy concreto de ansiedad que responde especialmente bien a un abordaje diferente: aquella que aparece sin motivo actual, sin desencadenante real y sin conflicto presente que la justifique.
Es una activación automática.
En estos casos, el sistema nervioso está reproduciendo una respuesta aprendida que ya no es necesaria. No estamos ante un problema de lógica, sino ante un programa emocional que sigue funcionando por inercia.
Aquí es donde la hipnosis clínica puede ser especialmente eficaz.
Hipnosis clínica y desactivación de la respuesta automática
La Hipnosis clínica no tiene nada que ver con el espectáculo ni con la pérdida de control. Es una técnica terapéutica que permite acceder a los patrones automáticos que sostienen ciertas respuestas emocionales.
Cuando la ansiedad no tiene un motivo actual claro, suele estar sostenida por un circuito automático profundamente instalado.
A través de hipnosis clínica es posible:
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Acceder al origen emocional del patrón
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Reprocesar la experiencia que lo activó
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Desactivar la respuesta aprendida
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Sustituirla por una respuesta más adaptativa
En este tipo de casos, el cambio puede ser significativamente más rápido que mediante abordajes exclusivamente cognitivos, porque no se discute con el síntoma: se modifica el programa que lo mantiene.
No se trata de suprimir la ansiedad, sino de permitir que el sistema nervioso deje de activar una alarma que ya no es necesaria.
El cambio real es posible
Cuando la ansiedad es una respuesta adaptativa antigua que ha perdido su función, el trabajo terapéutico consiste en actualizar el sistema.
Algunas ansiedades requieren un proceso profundo y estructural. Otras, especialmente las que ya no tienen motivo actual, pueden resolverse con mayor rapidez si se interviene en el nivel adecuado.
Si llevas tiempo intentando controlar tu ansiedad y sientes que siempre vuelve, quizá no necesitas más esfuerzo. Puede que necesites intervenir en el nivel donde realmente se genera.
Y ese nivel no siempre es consciente.







